Noticias - 29 noviembre, 2020

Una receta de Dumas hijo.

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“Desde hace pocos días sopla el viento del Oeste, pero la primera hoja ya se levanta sobre la rama; por las secas callejuelas camino con zapatos ligeros; con el primer frío me he puesto la capa acolchada.”

(“las cigüeñas” de “Líricas chinas”)

El otoño es la estación romántica por excelencia, cuando se aprecia en toda su dulzura el placer de un buen libro sobre una cómoda poltrona y una taza de té, mientras afuera, los contornos de las cosas se difuminan en el aire un tanto vaporoso con un extraño juego de perspectiva entre el sueño y la fantasía.

Y en un atardecer así, en un atardecer de fiesta, cuando el reposo pide la absoluta evasión de las costumbres cotidianas, puede suceder que sintamos el deseo de volver a tomar entre las manos un viejo libro, de aquellos que llevan la etiqueta de “románticos”.

Si ya no somos muy jóvenes, es éste un modo seguro de volver atrás, para encontrar de nuevo muchas cosas perdidas; si aún somos jóvenes y estos libros no los hemos leído nunca, quizá ni siguiera hojeado, podremos encontrar en ellos verdaderas sorpresas.

El campo es amplio: Zola, Beaudelaire y ¿ por qué no? Alejandro Dumas.

Nos podrá interesar una novela de Dumas hijo, “Francillon”.

En la novela de Dumas se habla en un momento determinado de la extraordinaria ensalada que en aquellos tiempos se podía probar en París sólo en el “Brebant” era posible pedir cosas tan extrañas como una ensalada de crisantemos.

La receta.

Hervir medio kilo de patatas ( para tres o cuatro personas) y pelarlas cuando están aún templadas. Cortarlas en pedazos y con aceite, sal, pimienta y vino blanco seco en lugar de vinagre. Añadir un poco de apio cortado en dados muy pequeños.

Coger dos flores grandes de crisantemos, de color blanco, amarillo o rosado (los blancos son los que tienen el sabor más delicado) y deshojar delicadamente todos los pétalos. Ponerlos luego en agua hirviendo y sacarlos después de un minuto, no más, el tiempo necesario para “calentarlos”. Ponerlos en el escurridor y dejar escurrir durante algunos minutos, secarlos sobre una hoja de papel absorbente y luego condimentarlos con un poco de aceite, jugo de limón y pimienta en polvo.

Finalmente, disponer las patatas en una fuente y completar con los pétalos dispuestos en forma de cúpula, sin aplastarlos demasiado. En el centro de la ensalada, colocar una pequeña flor de crisantemo de color lila, rosa vivo o amarillo oscuro.

Ciertamente, no se trata de una ensalada para prepararla todos los días, pero de vez en cuando, precisamente para asombrar a un invitado de importancia… vale la pena intentar la experiencia.

“Flores en casa”.

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